Caprichos
Echas a andar a la cucaracha en el laberinto. Quemas un par de hojas. Escribes la palabra odio para ver que pasa. Tienes vergüenza y nadie ha descubierto el fiasco. La cucaracha camina como si nada en dirección al cebo. Tú te acercas al retrete para hablar más de cerca. Para que ninguna palabra se escape y así consigas esa soñada libertad. Pero nada te aligera la carga. Ni siquiera el dineral invertido en desaparecer de la mirada de aquellos que te hacen avergonzar de tu propia especie. El cebo insecticida pierde su efectividad cada año. Las cuentas se acumulan y ya no te queda nada para alimentar al retrete. Es entonces cuando tomas la pluma y disparas. Pero no pasa nada.
Por enésima vez.







