viernes, septiembre 11, 2009

Caprichos

Echas a andar a la cucaracha en el laberinto. Quemas un par de hojas. Escribes la palabra odio para ver que pasa. Tienes vergüenza y nadie ha descubierto el fiasco. La cucaracha camina como si nada en dirección al cebo. Tú te acercas al retrete para hablar más de cerca. Para que ninguna palabra se escape y así consigas esa soñada libertad. Pero nada te aligera la carga. Ni siquiera el dineral invertido en desaparecer de la mirada de aquellos que te hacen avergonzar de tu propia especie. El cebo insecticida pierde su efectividad cada año. Las cuentas se acumulan y ya no te queda nada para alimentar al retrete. Es entonces cuando tomas la pluma y disparas. Pero no pasa nada.

Por enésima vez.

viernes, agosto 28, 2009

Dinámica inerte

Estoy al tanto de la espada que crece hacia mi cabeza. Sé desde el inicio que tengo las palabras y los días contados. Por eso dejé de seguir un plan específico y permito con la más cínica desidia que las horas se amontonen junto a la basura que simplemente no tengo ganas de tirar. Mi cuerpo (si es que alguna vez fui algo más) ha sido abandonado por su fantasma y sólo sigue el curso antinatural de satisfacer intereses ajenos e irse a dormir, incluso con mayor naturalidad que los simios calvos de alrededor. No hay lucha. No hay victoria ni derrota. Vivo en la plena libertad del que se anula a sí mismo (encuentro en ello un pretencioso sabor a satori), incrédulo de cualquier actitud, actividad o ideología que intente definirme. Quizá sólo estoy buscando un pretexto para no moverme. Quizá sucede que me he cansado de pretender.

sábado, julio 11, 2009

Inquebrantrable

Su cuerpo
era un hotel de paso
donde todos queríamos pasar la noche.
Una esbelta estructura de 1.72,
buena plática y largas piernas
que no escatimaba en besos
ni en sinceridad
para todo el que quisiera un cuarto lejos del amor.

Hasta donde sé
nada podía dañarla:
Era una joya sólida y fría
que lo tenía todo.
Una hembra moderna
sin miedo
ni corazón
ni alguien
que alguna vez
por ingenuidad
o coincidencia
le haya tenido una pizca de misericordia.

lunes, junio 29, 2009

Negligé Negro

Cuando la vi salir con aquel negligé negro, no pude hacer más que arrodillarme y abrazarme a sus largas, delgadas y blancas piernas, sin otro argumento que el de mis lágrimas para justificarme. Debo haber permanecido así unos diez minutos, llorando y gimiendo a todo lo que podían mis pulmones. Ella, mientras tanto, bajó poco a poco hasta quedar frente a mí, quizá tocada en alguna desconocida fibra sensible. Le pedí perdón, un hábito en mí casi fetichista. Supongo que ella no sabía que decir, pues sólo atinó a tomarme entre sus brazos como a un chiquillo y tratar de tranquilizarme. Quien lo viera, un tipo de más de cuarenta que se pone a chillar. Estuve a punto de arrojarla lejos de mí, pero no puedo negar que ella estaba haciendo muy bien su papel, incluso derramó algunas lágrimas, antes de aceptar mi rendición incondicional, besar mi frente y volver al baño con su semblante frío de costumbre. No dije nada más. La dejé caminar al baño para que pudiera cambiarse. Entonces me encendí un cigarro, vi mi reloj y comencé a hacer las cuentas. Cuando salió del baño la acompañé hasta la calle y le pasé un par de billetes más por prestarse a mis excentricidades sentimentales. Respondió que no había problema. Otros clientes le habían pedido antes cosas mucho más raras.

viernes, junio 12, 2009

Fanzine Valiant76 No. 3



El nuevo número de la Valiant76, "el penthouse de los fanzines", ya está en línea, con un par de colaboraciones de su servidor. Pueden descargarlo aquí.

miércoles, mayo 27, 2009

Distancia Insalvable

Había decidido no decir más, convencido de la poca lealtad que suelen tener las palabras una vez que se alejan de uno. Durante esos días permaneció silente, mas no desapercibido entre aquellos, que acostumbrados a balbucear durante horas, vieron su voto como una agresión decidida. Se encerró entonces y evitó el contacto con toda persona salvo para cosas indispensables. Libre de la obligación de expresar, se encontró con que sus habilidades aumentaron en alcance y pudo leer cada símbolo que atravesaba su percepción, atesorando conocimientos inimaginables, sensaciones e incluso los secretos de las vidas que los generaron. Tal fue su fortuna, que deseó compartirla con el resto de los seres vivientes y una mañana, cuando decidió que era momento de hablar de aquello, hizo correr furioso una navaja de un extremo a otro de su garganta y la dejó caer, inútil para servirle más, sobre el piso recién ensangrentado del baño. Llevaba tanto tiempo en silencio que simplemente había olvidado como decirlo.

jueves, abril 30, 2009

We are not dead yet, Mister President

No sé cuanto ha pasado ya. Se habla de muertos. Decenas solamente. Soy de los pocos que continúan en activo a pesar de la recomendación. Ahora miro a algunos pasar frente a la ventana de la oficina. Tienen la expresividad de un caballo. Van someramente protegidos por un rectángulo de tela azul que más bien indica su buena disposición que su deseo de sobrevivir. Algunos hacen un circo de ello. Son los primeros que quisiera ver retorciéndose en plena vía pública, suplicando un oportuno empujón al más allá. Los que permanecemos normales, en cambio, seguimos en nuestros puestos. Nada ha variado para nosotros. Unos salen, otros entran a sus oficinas. La morena de comercio hace sonar sus tacones por el pasillo. Lleva un coqueto tapabocas blanco. Según las autoridades, el contacto físico está contraindicado. No me importaría contraer alguna de las infecciones de ella, que se sabe son varias. Lo cierto es que el mundo no se ha terminado. No hay gente corriendo presa del pánico, no hay comercios saqueados ni militares tratando de sofocar brotes violentos por falta de medicinas. No hay aquí nada de lo que me han vendido los medios. Lo que es peor es que esta historia de la epidemia ya casi nadie la compra, precisamente por que nos la vino a contar un político. Y en este país sabemos que la política es nuestra mejor productora de ficciones.